dissabte, 25 de desembre del 2010

Feliz Navidad

Silencio. Ni respiro. Duele, duele demasiado. Oigo mi estómago rugir, otra vez. Otra vez. Otra vez.
Cierro los ojos. Imagino un calentito estofado, oh sí... con pelotitas de carne y queso. Jamón y verduritas, muchas verduritas, de colores diferentes. Un vaso de agua limpia, transparente. Una cuchara y un tenedor. Una manta, un fuego, un techo y una ventana. Estoy calentito, aunque sea invierno. Guardo en mi bolsillo mi regalo de Navidad, una preciosa cadena de plata que guardaré siempre. Sonrío y me duermo, en un sofá imaginario. Y ya no me despertaré jamás, todo es mentira, el mundo es una gran mentira.
No volveré a abrir los ojos porque me he muerto de hambre. Y nadie lo sabrá jamás porque he muerto en silencio, solo, en un mar de mil mentiras. Mi voz ya no suena. Todo está oscuro, frío, lejano, y huele a mierda.
Oigo como se queja la gente. "El vino no está frío.
" Sonríen, cantan, compran muchas cosas bonitas. Y no me pueden oír.

Feliz Navidad y próspero año nuevo.

dissabte, 18 de desembre del 2010

Siempre he sido yo (promesa)

Sigo siendo yo y seguiré siéndolo. Te lo prometo. Y esta vez si que escribo para ti, y solo para ti. Hoy, en este instante, me dirigo a ti y te escribo, porque se que te gusta leerme y que solo tu lo entenderás.
Pienso en lo que me has contado, en el local abarrotado de gente y en como, incluso entre tanto barullo, he conseguido escuchar tu voz. Pienso en las palabras exactas que me has dedicado, pero no las recuerdo. Me acuerdo de una idea en general; me han entrado ganas de ser mejor.
Y no por el hecho de que alguien considere que no soy lo que era (porque nunca cambiaré, has podido comprobarlo (o eso creo)), sino porque, por un instante, he dudado de mi fuerza.
Nunca había dudado de mi; pude haber dudado de la gente que no conocía, de la gente un poco más cercana e, incluso, de la más cercana. Pero nunca de mi. Y hoy me ha pasado. Y estoy asustada, porque nunca me había sentido así antes. Es la una de la madrugada y lo único en que pensaba en el trayecto hasta casa era en escribirte (y en quitarme los zapatos).
No entiendo lo que nos ha pasado, por mucho que me lo preguntes. Y por mucho que me lo pregunte yo. Ni creo que lo vaya a entender. Seguramente habrá sido una prueba, ¿tu no lo ves así? Yo si. Y ha sido como un aviso (eh! tu! la estás perdiendo!), un pinchazo en el costado, un escalofrío. El tiempo creía que podía engañarnos,que acabaría destruyendo lo que poco a poco degradaba. Pero no pudo, ¿eh? No pudo con nosotras. O eso creo yo. Creo que el tiempo, nuestro viejo enemigo, ha perdido esta vez. ¿Tu no lo cres?
¿Sabes? Por un momento me han entrado ganas de llorar. Pero no lo haré, porque lo nuestro tiene solución.
Yo he prometido no cambiar, ¿harás tu lo mismo?
550060,
así no lo olvidaré.

dimarts, 14 de desembre del 2010

Hoy

Hoy mi futuro me ha llamado. Me exigía escoger, plantearme, innovar, borrar lo que tenía pensado hasta ahora e inventar. "¡Eeeh, Marta, el AHORA está llegando!".
Tengo algunas ideas, y las guardo muy muy bien. He pensado en hacer una carrera de letras... el teatro es muy difícil. Y más, ganar dinero de ello. Así que, con una carrerita, tendré una escapatoria por si el arte no me sale bien.
No voy a estresarme. De hecho, no lo había hecho hasta ahora, siempre pensaba por pensar, imaginaba por imaginar, tomaba decisiones que no cambiaban nada. Pero hoy ha sido diferente. Hoy mi futuro me ha exigido, el muy cabrón.
He ido a la ciudad. Sí, a la ciudad, muy lejana, muy borrosa, muy fría, esta tarde. He tenido que visitar futuros, diferentes futuros. Uno muy viejo y pequeño, otro acogedor y tranquilo, y un último futuro muy grande pero con demasiado tráfico. Me los he imaginado, los he entendido, los he valorado, los he odiado y también querido. Hay futuros tan diferentes, joder.
¿Y si escogemos un futuro equivocado? Supongo que da igual... eso es lo de menos. Lo importante es saber arreglarlo.
Tengo miedo.
Me voy. Ya no es una suposición, ya no es un "¿y si...?", ya no está lejos. Me iré y todo lo que haya quedado pendiente aquí se irá conmigo. Desvanecerse no está bien... Idiota, nada se desvanecerá, porque ya se ha desvanecido. Todo seguirá igual de mal. Ya me he ido una vez, por otra no pasará nada. Ya se ha roto algo una vez, por otra dará igual. Asco.
¿Sabes? Lloro.
Tengo miedo.
Tú no, por favor. Tú no me falles. No me hagas sentir culpable. Lo estoy pasando mal. Se ha ido alguien que hecho de menos todos los días. A cambio, ha aparecido alguien nuevo en mi vida. Alguien pequeño, hermoso, brillante y lleno de luz. Pero no dejan de ser cambios. Ya no tengo la misma compañía que tenía antes día a día, ya no hablo como ellos, ya no bailo dentro de su compás. Sólo me faltaba tu repulsión...
Cambios. Cambios. Cambios. Cambios... Todo cambia, joder, todo, no solamente yo. Pero joden tanto. No me odies.
Voy a llamarla y se lo contaré. Ya lo he hecho, me ha escuchado, me ha comprendido, me ha aconsejado y me ha prometido vernos. Y hablar, en persona, darme su opinión y estar a mi lado. Es como mágia.
Tengo miedo.
Él sabe lo que digo. No me lo tiene en cuenta. Escucha, comprende. Son cosas que no pueden explicarse. Me iré, y tú no estarás conmigo.

Hoy me he dado cuenta de todo esto. Hoy la realidad me ha caído encima de forma fulminante. Ha sido como una gran patada en el culo.

dimecres, 8 de desembre del 2010

(suspiro)

Me gustaba que el sol calentara mi cara los días de verano, sentir la suave brisa rozar mi piel. Lo hecho de menos.
Escucho ahora como caen silenciosamente los copos de nieve a mi alrededor. Poco a poco todo se cubre por un manto de blanca lluvia sólida. Y yo estoy sola, en el corazón del bosque, viendo como mi respiración se marca vahosamente en el aire.
El silencio me envuelve en este misterioso lugar, neblinoso paisaje repleto de altos árboles. El frío cala en los huesos de tal manera que, a veces, me detengo a tiritar. Camino dejando mis huellas marcadas en el suelo, ensuciando lo que parece un limpio paraje helado. El reino de Gélida, el hada de los cuentos de papá.
Ni siquiera veo el sol, que se esconde temeroso tras las copas de los árboles.
No sé porqué he venido aquí. Quizás para pensar, o para dejar de hacerlo. Oigo una voz que canta, a lo lejos. Escucho inquieta las notas agudas de la nana. Alguien la entona más allá. No sé que había venido a hacer aquí, pero he encontrado la voz de los árboles que me habla.
Y yo la escucho.

Su voz...

No me acordaba de como sonaba su voz. Cuando la oigo, algo en mi hace que las puntas de mis dedos creen una hormigueante sensación de electricidad. Me detengo y escucho. Nada; su voz se ha esfumado. Antes de que mis ojos empiecen a escocerme me tapo la cara con la manga de mi jersey. Esta vez no derramaré ni una lágrima. Sigo caminando, ¿qué más da si está aquí? Siento sus ojos en mi; me queman.
Vuelvo a escucharla, melodiosa y cantarina, bella como el canto de las sirenas; igual de falso y mentiroso. Un canto arcaico lleno de grandes traiciones y alevosías. Recuerdo con asco como sus palabras me hacían soñar, antes.
Antes...
Recuerdo cuando sus labios susurraban palabras que hacían florecer las marchitas flores de mi realidad. Nunca pensé que ocurriría esto; que odiaría aquella hermosa voz. Odio cada timbre afinado, cada palabra aterciopelada; una rosa sin pétalos de largas espinas. Zarzales de rosas rojas, caparazones de espinos impenetrables a los que no puedo desafiar. Me obligan a observar sus preciados brotes sin poder cogerlos. Cárcel de sueños.
Me impiden arrancar de mi sus ideas, sus palabras... sus mentiras.
Calla, ¡no quiero oír tu voz! Has destruido mis antiguos sueños, pero seguiré escribiendo, y así te destruiré. Ángel maligno de mi pluma, olvídate de mi. Que no quiero verte, no te quiero oír.
Deja que sueñe sola, deja que mi alma respire. Déjame marchar sin ti, quédate observando en silencio como camino, descalza.
Deja que el telar de mis sueños vuelva a hilar, poco a poco. Déjame construir una bonita tela que admirar, que pueda hecharme a los hombros para protegerme del frío.
El frío de las mentiras, como las que tu me susurrabas. ¿Te acuerdas?
Recuerdalo tu por mí,
yo he decidido olvidar...

Se apagó

Ya no me miraba.
Decía que me hechaba de menos, y me engañaba. No me miraba. Ni siquiera cuando me decía que quería verme, que era su inspiración. No me miró cuando nos encontramos en medio de la gente, y yo sabía que me había visto. Noté como sus ojos me huían.
Ni siquiera me saludó.
Dijo bonitas palabras para todos los demás y a mí, que era su gran musa, ni un simple hola. Eso sí, me dijo adiós; de mi se despidió. Y mi corazón, resquebrajado ya por el tiempo, por las mentiras y el frío, se volvió escarcha y se rompió. Sus pedazos siguen dentro de mí, latiendo débilmente bajo mi piel.
Cuando logra acordarse de mí, yo ya no existo.
Se ha apagado el espíritu que despertó, duerme, hiberna. Mientras mi cuerpo se mueve está vacío. Me he vuelto polvo y ya no espero que sus ojos me encuentren, ni que sus labios articulen un bonito saludo. En ese momento, todo me da igual. Me he vuelto un ser helado, petrificado y muerto. Quiero lo que nunca esperé que llegaría a querer: quiero que me olvide, y yo, poder olvidar.

dijous, 14 d’octubre del 2010

Jugava amb mi

Jugava amb el vent i amb les olors. Observava, tant bé com podia, els colors del cel. S'estirava allà on el sol escalfava més el terra i no es movia durant hores. Seia sobre l'herba i mirava sense pressa els núvols, canviant de formes i tons a mesura que transcorria el capvespre. Caminava i res no l'aturava, ni tan sols el dolor dels seus ossos. Ja no corria com abans, però l'esperit inquiet mai va desaparèixer. Quan passejava amb mi, respirava ràpidament, seguint tots els meus passos i alhora guiant-los. Observava cadascun dels meus moviments, disposada a fer qualsevol cosa per mi. Em coneixia tant bé...
Mai va dir ni una paraula. I no li va caldre en cap moment. L'entenia sempre. I m'acaronava, i l'acaronava. I em mirava, i la feia enfadar. I després feiem les paus per tornar a jugar i passejar plegades. Encara que no sempre ens necessitavem. Potser ella sí que em necessitava, però jo no me n'adonava. La pressa, el temps, les coses a fer. En el seu món no existia res d'això, i jo no ho sabia perquè no m'ho va explicar mai. I jo no me n'adonava.
Jugava amb el vent i amb les olors. Observava, tant bé com podia, els colors del cel. De vegades no podia fer res més, ella; la seva soledat era una enemiga de pedra. I jo, lluitava contra la seva soledat. Però, quan vaig deixar de lluitar-hi? Ja ni me'n recordo. I ella seguia allà, silenciosa, sense dir ni piu. Com sempre.

Ara ja no juga amb el vent ni amb les olors. Ja no observa, tant bé com pot, els colors del cel. Ara jo passejo sola pel carrer. I m'ho mereixo, per no haver lluitat sempre per ella. Ara ja no té malsons quan dorm, però ara ja no guia els meus passos.
Ara ja no existeix. Només és dins els records inesborrables dels qui l'estimen.








Torna.

dimarts, 12 d’octubre del 2010

Nubes

"Alexandra, Alexandra, Alexandra… ¿Quién eres en realidad?”, pensó, alzando una de sus finas cejas. Parpadeó un par de veces y le dedicó una sonrisa a su reflejo. Despegó lentamente los ojos del espejo para abrir la ventana blanca y salir al balcón. Con una mano retiró los pelos que habían quedado en su cepillo y los esparció por el paisaje que se alzaba delante de ella. Siguió aquellos cuatro pelos oscuros con la mirada, que iban danzando a través del viento caliente de mayo. Dirigió sus ojos azules hacia los pinos del campo de enfrente y luego observó las nubes blancas. Había montones de nubes blancas esparcidas por el cielo azul, nubes pequeñas y redondas y grandes y alargadas. Imaginó que alcanzaba una y la cogía con las manos, y la empequeñecía hasta guardarla dentro de un bote para no dejarla escapar nunca más.
[...]

Aquí hay guerra

Tus ojos me miran pero no me ven, tus lágrimas empañan esos ojazos verdes que suelen mirarme intranquilos. ¿Dónde están tus padres? te he preguntado. Y me has respondido llorando. Aquí hay guerra, anuncias mirando el cielo, como esperando que te oiga alguien. ¿Dónde están tus padres? repito mientras te cojo del brazo y tu me miras a los ojos, y yo me estremezco al ver el fondo de los tuyos, y ese dolor tan profundo,en alguien tan joven. Me siento culpable. Aquí hay guerra, repites. Dejo mi arma en el suelo, me quito el casco que aún mantiene, secas, manchas de la sangre de aquellos a los que he arrebatado la vida. Ahora yo también lloro. Te cojo de la mano y te digo: todo saldrá bien, pequeña. Prometo cuidarte... prometo cuidarte... Y aquí empieza nuestra historia, huyendo de parajes destruidos por el odio de aquellos que jamás nos volverán a utilizar. Las personas somos libres, libres para decidir. Pero la vida de los otros no está en nuestra decisión. Así que te tapo los ojos y te cojo de la mano. Caminamos juntos, mientras otros mueren juntos. Madres, hijos, amigos y extraños, se cojen de las manos y se susurran cosas al oido antes de morir. Mientras les escucho y cada palabra queda gravada en mi corazón, tu y yo caminamos... Hacia casa.

Tic, tac, tic, tac, y tus sueños echos trizas estaran

Ahora si el tiempo se ha detenido, ¿por que sigue el reloj dando segundo tras segundo? Ahora si lo escrito está olvidado y ya nada vale por bueno, ¿por que me empeño en seguir respirando? Mi obra, acabada y editada, quemada ha sido por mis sueños. Si escribía por placer, ahora es el dinero lo que me lleva a la pluma. No, no quiero escribir por obligación. Desisto. ¡Que me muera de hambre si no escribo porque quiera yo escribir, privadme de aire si la sola idea me nubla la vista! Avisadme, si otra vez caigo en la tentación...de vivir por dinero, sin nada de imaginación.

No volveré a ponerme tacones

Me siguen doliendo los pies
de los tacones que llevaba anoche.
Cuando me los quité tú ya no estabas,
tú ya no estabas.

Siempre que dejo de pensar en todo esto
apareces tú para recordarme
que todavía existes, y me devuelves los recuerdos,
y me jodes la fiesta que tenía.

Haces que me sienta bien a tu lado,
y es en este momento cuando me olvido
de lo doloroso que es cuando te vas,
dejandome sola con tus falsas promesas.

¿Te das cuenta de algo? Lo dudo.
Nadie puede ser tan malo. ¿O sí?
¿Te divierte? Parece que buscas cosas etéreas
y yo soy imbécil por perdonar esto.

Creía que todo era real.
En serio, pensaba que podía vivir en un mundo
de sueños, contigo, sin nadie por enmedio.
Y parece que te van más las noches sin estrellas.

Me siguen doliendo los pies
de los tacones que llevaba anoche.
Cuando me los quité tú ya no estabas,
y supongo que no estarás jamás.



PD. Fuck you :)

...

Cuando la chica puso las manos sobre las teclas cerró los ojos y respiró hondo. Lo intentaría de nuevo. Aún sobre el puente de su nariz reposaban unas gafas de sol, aunque el sol se había ocultado hacía horas. presionó el dedo corazón y sonó un sol. Claro y afinado. Ella solo sonrió. Un poco más tarde, la chica se encontraba tocando una pieza romántica, Chopin. Se enfrascaba com siempre en otro mundo, un mundo en que los sentimientos son la regla y la única solución. Hasta que un dedo erró. Nunca, nunca en la vida había fallado ninguna de las notas de aquella canción. Ni cuando murió su madre, ni cuando tuvo el accidente, ni cuando le digeron...que nunca podría volver a ver. Nunca. Una lágrima resbaló por su mejilla. Pero, paradogicamente, aquella lágrima le dio fuerzas para seguir. El piano era su sueño, desde siempre. Su única manera de liberarse, de volver a ver... Tiró agresivamente las gafas al suelo, arañándose los pómulos al hacerlo, una pequeña lágrima, esta vez de sangre, recorrió de nuevo su mejilla. Simplemete se secó ambas. Luego abrió los ojos, viendo oscuridad. Empezó a tocar, y así a ver...

Aquellas formas de nuevo, hadas y libros, podía leer, podía ver las teclas monocromes del piano, podía ver el azul del mar, la sonrisa de alguien, la cara de su madre. Ella era el instrumento que la ayudaba; la música sería su nuevo par de ojos.

Odió lo que le había ocurrido, pero no podía cambiar nada. El azar, la suerte, el destino, quizás la habían llevado a ese punto culminantee en el que todo cuanto la rodeaba era oscuridad, soledad. Pero también le había enseñado a sentir aún más profundamente la música, a ver de otro modo, al modo de los arpegios, adagios, minuetos, fugas y movimientos. Todo estava relacionado, si veía atardeceres con Chopin, si veía el mar con Debussy, podría volver a ver solo tocando el piano. Podía, no se rendiría. El destino lo había querido así.

Saps què passa? Que et trobo a faltar. Molt.

Si, cuando llovía se sentía sola. Y cuando gritaba su nombre entre la oscuridad y la única respuesta era el eco sordo de su propia voz, aún se sentía más sola. La extrañaba, y no podía hacer nada para remediarlo. Cada día, después de observar las gotas rayar los cristales se fundía en soledad. Hasta que entre el eco de su propia voz distinguió aquella melodía. La caja de música aún sonaba ¡y ni siquiera se había dado cuenta! Corrió hacia el cuarto vacío, allí dentro siempre reinaba el silencio y un frío ivernal. Cogió la cajita entre sus manos y observó la bailarina de porcelana girar en su posición eterna. Las notas bailaban a su alrededor. Ya no estaba sola, ni lo estaría nunca. Es más, nunca lo había estado... Ella siempre había estado allí, en cada paso, día lluvioso, minuto y pensamiento que pasara por su cabeza. La sinfonía la había acompañado en todo momento, y ella, inconsciente, se había sentido sola todo aquel tiempo. ¡Ah, pobre ilusa! ¡Si nunca lo había estado! Siempre estuve yo... caminando a su lado.
La melodia que escucha dentro de su cabeza constantemente es la voz de una sirena, el sonido de una guitarra, la música de un piano negro. Y ahora, cuando cae la lluvia, ya no cierra la ventana. Sale a la calle, abre las manos y mira hacia el cielo. Da vueltas y vueltas, se moja y sonríe. Porque ya no se siente sola, y nunca debió sentirse sola. Bailarina, nunca dejes de danzar.
Si cabe en su cabeza el pensamiento, si entre los rincones de su alma encuentra las fuerzas, se que no se rendirá, que bailará y cantará hasta que el claro de luna sea una acuarela inacabada y el sol pinte el cielo. Nunca estará sola. Tu serás su voz, tu serás su fe. Tu serás su luz.

Marea~