Si, cuando llovía se sentía sola. Y cuando gritaba su nombre entre la oscuridad y la única respuesta era el eco sordo de su propia voz, aún se sentía más sola. La extrañaba, y no podía hacer nada para remediarlo. Cada día, después de observar las gotas rayar los cristales se fundía en soledad. Hasta que entre el eco de su propia voz distinguió aquella melodía. La caja de música aún sonaba ¡y ni siquiera se había dado cuenta! Corrió hacia el cuarto vacío, allí dentro siempre reinaba el silencio y un frío ivernal. Cogió la cajita entre sus manos y observó la bailarina de porcelana girar en su posición eterna. Las notas bailaban a su alrededor. Ya no estaba sola, ni lo estaría nunca. Es más, nunca lo había estado... Ella siempre había estado allí, en cada paso, día lluvioso, minuto y pensamiento que pasara por su cabeza. La sinfonía la había acompañado en todo momento, y ella, inconsciente, se había sentido sola todo aquel tiempo. ¡Ah, pobre ilusa! ¡Si nunca lo había estado! Siempre estuve yo... caminando a su lado.
La melodia que escucha dentro de su cabeza constantemente es la voz de una sirena, el sonido de una guitarra, la música de un piano negro. Y ahora, cuando cae la lluvia, ya no cierra la ventana. Sale a la calle, abre las manos y mira hacia el cielo. Da vueltas y vueltas, se moja y sonríe. Porque ya no se siente sola, y nunca debió sentirse sola. Bailarina, nunca dejes de danzar.
Si cabe en su cabeza el pensamiento, si entre los rincones de su alma encuentra las fuerzas, se que no se rendirá, que bailará y cantará hasta que el claro de luna sea una acuarela inacabada y el sol pinte el cielo. Nunca estará sola. Tu serás su voz, tu serás su fe. Tu serás su luz.
Marea~
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