dilluns, 4 d’abril del 2011

Me repite el viento que llevo tiempo sin enamorarme. Y le miro a los ojitos de ventisca y le contesto que nunca lo he hecho.

No digas tonterías, ¡todo el mundo se enamora! repite sonriendo, y jugando se va volando lejos.

El viento se ha llevado la respuesta a una pregunta que llevo guardada en el corazón. Creí que por fin alguien podría respondérmela: ¿Acaso no es el amor el que debe encontrarme a mi? ¿O es que debo buscarlo?

Yo creo que el amor me espera escondido en una esquina, espera que camine de frente y pueda asustarme, pillarme por sorpresa. Dicen que el amor siempre hace eso, pillarte por sorpresa...

Todo el mundo se enamora, es cierto, pero no todo el mundo. Yo no ¿Y no cuento?

El viento se ha llevado la respuesta a mi pregunta. Volveré mañana temprano, quizás entonces me hable del amor que me espera escondido en la esquina. A lo mejor me dice que me quedan pocos pasos para que me asuste.
Ahora me toca a mi escribir pienso. Ha llegado el momento de que me comunique contigo de la única forma que aún no me parece extraña. A veces te hecho de menos, ¿sabes? Y tus palabras. Aquella risa ahogada en mitad de la noche, cuando reíamos por todo y por nada.

A veces te odio, ¿sabes? Por dejar que las risas se apaguen.

Hace tiempo que vivo igual que respiro; es un acto involuntario que mi cuerpo realiza constantemente. Pero yo sé que vivir no es eso. Vivir no es esperar algo más.

Hace tiempo que mi mente vaga sin encontrar refugio, estas tempestades son muy fuertes, ¿sabes? Y a veces creo que no las resistiré, que una simple ráfaga de viento tirará por el suelo este frágil castillo de arena. Pero, sorprendentemente, resisto. Y sigo viviendo al igual que respirando.

Yo antes tenía sueños, unos sueños que esperaba cumplir. Me parecía estar a punto de rozarlos con los dedos. Pero ultimamente se esconden. Mis sueños no me reconocen. ¿Qué te ha pasado? me preguntan, ¿Son demasiados, los golpes? Y yo no contesto, porque me quedo muda. Sí, los últimos golpes me han derribado. Lo siento, sueños, habéis quedado a un lado.

Lo único que revive aquel espíritu anterior, que sigue durmiendo en algún rincón, es escribirle al tiempo.

Y esperar a que me dé otra oportunidad.