"Toc, toc." Llaman a la puerta. Golpes suaves, lejanos. "Toc, toc." Otra vez. No quiero levantarme O sí, pero me da cierta pereza. Ya abrirán. "¡Toc, toc!"
-¡Está abierto!- digo.
Entonces entra, después de mi permiso. En silencio, observa. Se mueve despacio, tranquilamente, manteniendo una especie de control que domina a la perfección. No estoy nerviosa. Sorprendentemente me relajo. Y no sé ni quién es.
Abre un cajón. Yo no hago nada, sigo sentada en la silla y lo sigo mirando con curiosidad. Abre un armario y mira debajo de la mesa. Yo no lo detengo. Luego se dirige hacia mí y me clava su penetrante mirada sobre mis ojos, y parece como si me leyera la mente. Tengo la sensación de que lo ha descubierto todo sobre mí. Extiendo mi mano y palpo su brazo izquierdo. Es suave. Sonrío porque me siento animada y alegre. Pero él me coge la mano que tenía extendida y me agarra por la cintura. No lo ha hecho bruscamente ni me ha hecho daño, pero pienso que debería apartarme. Estoy a gusto así, pero también deseo separarme y volver a sentarme en la silla. Él no me suelta, al contrario. Cada vez me abraza más y más. Es una sensación bonita, pero a la vez asfixiante. Dudo.
Lo miro, respirando con dificultad, dejando ver a través de mis ojos la duda que me corroe cada parte de mi cuerpo. Y es que no sé si seguir abrazada a él o apartarme para no volver a tocarle jamás. No sé qué hacer, me siento inútil. Así que lloro en silencio, escondiendo la cara sobre su pecho (el cual me produce terror y a la vez tranquilidad).
-¡Está abierto!- digo.
Entonces entra, después de mi permiso. En silencio, observa. Se mueve despacio, tranquilamente, manteniendo una especie de control que domina a la perfección. No estoy nerviosa. Sorprendentemente me relajo. Y no sé ni quién es.
Abre un cajón. Yo no hago nada, sigo sentada en la silla y lo sigo mirando con curiosidad. Abre un armario y mira debajo de la mesa. Yo no lo detengo. Luego se dirige hacia mí y me clava su penetrante mirada sobre mis ojos, y parece como si me leyera la mente. Tengo la sensación de que lo ha descubierto todo sobre mí. Extiendo mi mano y palpo su brazo izquierdo. Es suave. Sonrío porque me siento animada y alegre. Pero él me coge la mano que tenía extendida y me agarra por la cintura. No lo ha hecho bruscamente ni me ha hecho daño, pero pienso que debería apartarme. Estoy a gusto así, pero también deseo separarme y volver a sentarme en la silla. Él no me suelta, al contrario. Cada vez me abraza más y más. Es una sensación bonita, pero a la vez asfixiante. Dudo.
Lo miro, respirando con dificultad, dejando ver a través de mis ojos la duda que me corroe cada parte de mi cuerpo. Y es que no sé si seguir abrazada a él o apartarme para no volver a tocarle jamás. No sé qué hacer, me siento inútil. Así que lloro en silencio, escondiendo la cara sobre su pecho (el cual me produce terror y a la vez tranquilidad).