dimarts, 10 de maig del 2011

Silencio

"Toc, toc." Llaman a la puerta. Golpes suaves, lejanos. "Toc, toc." Otra vez. No quiero levantarme O sí, pero me da cierta pereza. Ya abrirán. "¡Toc, toc!"
-¡Está abierto!- digo.
Entonces entra, después de mi permiso. En silencio, observa. Se mueve despacio, tranquilamente, manteniendo una especie de control que domina a la perfección. No estoy nerviosa. Sorprendentemente me relajo. Y no sé ni quién es.
Abre un cajón. Yo no hago nada, sigo sentada en la silla y lo sigo mirando con curiosidad. Abre un armario y mira debajo de la mesa. Yo no lo detengo. Luego se dirige hacia mí y me clava su penetrante mirada sobre mis ojos, y parece como si me leyera la mente. Tengo la sensación de que lo ha descubierto todo sobre mí. Extiendo mi mano y palpo su brazo izquierdo. Es suave. Sonrío porque me siento animada y alegre. Pero él me coge la mano que tenía extendida y me agarra por la cintura. No lo ha hecho bruscamente ni me ha hecho daño, pero pienso que debería apartarme. Estoy a gusto así, pero también deseo separarme y volver a sentarme en la silla. Él no me suelta, al contrario. Cada vez me abraza más y más. Es una sensación bonita, pero a la vez asfixiante. Dudo.
Lo miro, respirando con dificultad, dejando ver a través de mis ojos la duda que me corroe cada parte de mi cuerpo. Y es que no sé si seguir abrazada a él o apartarme para no volver a tocarle jamás. No sé qué hacer, me siento inútil. Así que lloro en silencio, escondiendo la cara sobre su pecho (el cual me produce terror y a la vez tranquilidad).

dilluns, 4 d’abril del 2011

Me repite el viento que llevo tiempo sin enamorarme. Y le miro a los ojitos de ventisca y le contesto que nunca lo he hecho.

No digas tonterías, ¡todo el mundo se enamora! repite sonriendo, y jugando se va volando lejos.

El viento se ha llevado la respuesta a una pregunta que llevo guardada en el corazón. Creí que por fin alguien podría respondérmela: ¿Acaso no es el amor el que debe encontrarme a mi? ¿O es que debo buscarlo?

Yo creo que el amor me espera escondido en una esquina, espera que camine de frente y pueda asustarme, pillarme por sorpresa. Dicen que el amor siempre hace eso, pillarte por sorpresa...

Todo el mundo se enamora, es cierto, pero no todo el mundo. Yo no ¿Y no cuento?

El viento se ha llevado la respuesta a mi pregunta. Volveré mañana temprano, quizás entonces me hable del amor que me espera escondido en la esquina. A lo mejor me dice que me quedan pocos pasos para que me asuste.
Ahora me toca a mi escribir pienso. Ha llegado el momento de que me comunique contigo de la única forma que aún no me parece extraña. A veces te hecho de menos, ¿sabes? Y tus palabras. Aquella risa ahogada en mitad de la noche, cuando reíamos por todo y por nada.

A veces te odio, ¿sabes? Por dejar que las risas se apaguen.

Hace tiempo que vivo igual que respiro; es un acto involuntario que mi cuerpo realiza constantemente. Pero yo sé que vivir no es eso. Vivir no es esperar algo más.

Hace tiempo que mi mente vaga sin encontrar refugio, estas tempestades son muy fuertes, ¿sabes? Y a veces creo que no las resistiré, que una simple ráfaga de viento tirará por el suelo este frágil castillo de arena. Pero, sorprendentemente, resisto. Y sigo viviendo al igual que respirando.

Yo antes tenía sueños, unos sueños que esperaba cumplir. Me parecía estar a punto de rozarlos con los dedos. Pero ultimamente se esconden. Mis sueños no me reconocen. ¿Qué te ha pasado? me preguntan, ¿Son demasiados, los golpes? Y yo no contesto, porque me quedo muda. Sí, los últimos golpes me han derribado. Lo siento, sueños, habéis quedado a un lado.

Lo único que revive aquel espíritu anterior, que sigue durmiendo en algún rincón, es escribirle al tiempo.

Y esperar a que me dé otra oportunidad.

dijous, 24 de març del 2011

Momentos que encontré perdidos en trozos de papel

Un muro... un muro tan inquebrantable como mi tristeza, un muro tan impenetrable como un baúl sin llave, un muro tan irrompible como un trozo de diamante, un muro tan seguro como una cámara acorazada, un muro tan firme como tu mirada hacia ella...
Un muro que me sirva de refugio, que me sirva de consuelo, y que envuelva todo mi corazón para no sentir más dolor. Para que no me puedan hacer más daño.
Me encantaría...

¿Dónde te has escondido? Te estoy buscando todavía, entre la niebla o entre la lluvia, me da igual. Te buscaré siempre, en dondequiera que estés. A veces veo tu sombra, muy cerca de mí, y extiendo la mano para rozarte, y poderte tocar. Pero otras no te veo, o te veo lejísimo, y me convenzo a mi misma de que nunca más volverás a mi lado. Estoy tan confusa... Quiero saber dónde te escondes, dónde me esperas. Si es verdad que me estás esperando, en algún ricón de ésta niebla tan espesa.



Un trozo de madera con un agujero. Unas cuerdas bien atadas, ligeras y tensas. Y ahora las hago vibrar. Y no es el sonido lo que me hace llorar de felicidad, es el simple hecho de que estoy aquí, a tu lado. Junto a mi guitarra.


Miro hacia delante y te veo. Aparto la mirada y te sigo viendo. Cierro los ojos y aún sigues ahí. Suspiro, e intento hacerte desaparecer. Pero es imposible. ¿Qué puedo hacer?

...y todos buscan su oportunidad, el mundo es así de sencillo.


Ando. Te siento detrás. Me giro. Desvias la mirada. Te miro. Me miras. Desvio la mirada. Me pongo tensa. Nos cruzamos. Me relajo. Me sonrojo. Disimulo. Me vuelvo a girar, te veo de espaldas. Te alejas sin girarte. Vuelvo a mirar hacia delante. Ando. Te marchas. Me marcho. Y así, ¿siempre?

Crece en mi interior
como una pequeña flor
que alimentada con besos, palabras, caricias, deseos,
se va haciendo cada vez mayor.
Pero tengo miedo, mucho miedo.
¡Ay, el amor!

-¿Ves esa casa?
-Sí.
-Pues un poco más arriba, ¿puedes ver esa montaña?
-Sí.
-Sigue mirando hacia arriba, ¿ves esas nubes?
-Sí.
-Y encima de esas nubes, ¿ves aquellas estrellas?
-Sí.
-Pues encima, justo ahí está él. Justo ahí arriba.



Duerme cuando no tengas sueño, come cuando estés empachado, bebe cuando tengas el estómago lleno de agua, mira a quien no quieras mirar, corre cuando estés cansado, sueña cuando tengas pesadillas. Pero no me sonrías cuando quieras sonreírme.


Sentir que me invade la emoción, que me ahoga la inspiración por todos los poros de mi cuerpo, que mis dedos danzan solos encima del teclado, pararme a pensar un instante en la frase siguiente, hacer aparecer una media sonrisa en cada comparación utilizada, escribir en la libreta lo que no quiero olbidar, buscar en el diccionario palabras que se me ocurren al azar, repassar, borrar y rectificar lo escrito cinco minutos después, inventar, e inventar, y más, y mucho más, y no querer apartarse de la pantalla ni un momento, temiendo olvidar las nuevas ideas, y seguir el hilo de la historia, encontrar las palabras adecuadas, pensar y escribir, pensar y escribir...
eso es lo que quiero hacer.




:)

dilluns, 14 de març del 2011

Nube de invierno

A veces es necesario encerrarse en uno mismo, dejar caer los párpados de los ojos y escuchar el latido de tu corazón y nada más. A veces es imprescindible no pensar en nada, simplemente detenerse a observar tu propia respiración, como estar dentro de una burbuja, ajeno a todo. A veces no hay nada más importante que uno mismo, y normalmente eso pasa por culpa de los demás. A veces los demás oprimen, los demás agobian y destruyen. A veces los demás te rompen en pedazos.
No es divertido ver cómo me haces trizas. Poco a poco me vas reduciendo a algo llamado nada, ¿te das cuenta? Yo sé que es sólo por tu culpa. Tú eres quien hace que cierre los ojos y me esconda dentro de mi burbuja, eres quien consigue sin mi voluntad que me encierre en mi misma. Ya no me gusta bailar descalza, porque no te alegras cuando lo hago. Simplemente no te importa. Y aunque ya no disfruto enseñándote lo que voy aprendiendo poco a poco, no paro de hacerlo. Siempre mantengo la esperanza, y te muestro lo que sé, lo que puedo lograr, para ver si tú has cambiado un poquito. Pero sigues siempre igual de impenetrable, destructor, manipulador y vengativo. Eres un ser despreciable a veces. A veces...
A veces desearía que todo hubiera sido diferente. No tendrías que haberte ido. Pero era inevitable, supongo que estaba escrito en alguna nube de invierno. Y ya no me hace daño tu ausencia, pero sí pensar en lo que te has convertido. Me repugnas, a veces. Y observo el cielo, negro como el carbón, y me caen un par de lágrimas sin tener claro el por qué. Quizá es porque me ha contagiado la lluvia que ha caído de esa gran nube de invierno. No tengo ni idea. Pero mis fuerzas se agotan, y ya no puedo más.
Algo va a cambiar, algo tiene que cambiar. Pero soy demasiado cobarde.
...Sólo a veces.

dijous, 10 de març del 2011

Dime qué es esa ridícula obsesión por el amor

Me quemo, te quemas.


Dejo que las llamas me laman la piel, que el odio se quede dentro de mi y me consuma. Sé que el odio y el deseo van de la mano, que pronto saldrás por la puerta y desearé que estés de vuelta. Pero hay momentos en que te odio por quererte, y tú me quieres por odiarte.

Los dos sabemos porque nunca ha acabado. Es el circulo vicioso del que nunca podemos salir. Son preguntas sin respuesta y sentimientos sin nombre. Es todo a lo que tú y yo no queremos poner nombre. ¿Qué somos? ¿Por qué estamos enlazados?

¿Cual es la manera de romper esta atadura, si es que la hay?

...

A veces se sentía sola y contaba estrellas. A veces contaba estrellas para no sentirse sola.



Hay algo que siempre me ha acompañado. Aún no sé que es; pero está ahí. Quiero descubrir si es parte de mi o si le pertenezco.

A veces carezco de alguien que esté conmigo en los momentos difíciles. Conozco a gente arrogante que tiene esas cosas cotidianas simples, las que yo tanto anhelo. ¿Por qué no pueden regalarme una caricia en el momento adequado? ¿Por qué no pueden siquiera regalarme una, sin más?

Miro el cielo, que me ampara, vagando en un mundo ciego, sordo y mudo. Espero una respuesta a lo que ando buscando... Pero nunca llega.

Es extraño.

Siento un dolor punzante en la punta de mis extremidades, tira hacia fuera, como si quisiera liberarme de la prisión que es mi cuerpo. Quiero volar, irme lejos, desaparecer y fundirme con el viento. Quiero ser el aire que respires y que te des cuenta que siempre he estado, latente; que tú has sido mis estrellas.

diumenge, 30 de gener del 2011

Siempre perdida

Soy una niña con un vestido muy muy azul. Voy caminando por el bosque y me encuentro con mil árboles de ancho tronco, gruesos y robustos. Los acaricio, palpo su textura y su firmeza. También los rodeo con los brazos, para que noten mi presencia. De repente oigo unos ruidos dentro de un árbol, como unos zumbidos lejanos y repetitivos. Acerco la oreja al tronco, y efectivamente, el sonido viene de allí. Me fijo en un hueco que hay en la parte baja del tronco, y me doy cuenta de que es un agujero del tamaño de mi ojo. Acerco la cara y gracias al agujero puedo ver lo que hay dentro del árbol: millones de engranages que no paran de girar, que no paran de hacer ruido, que van a velocidades de vértigo.
Asustada, me alejo poco a poco del árbol, con cara de extrañeza. Sigo andando por el bosque, sumida en mis pensamientos, y me encuentro con un muro de piedra. Tiene una entrada, y cuando la traspaso, estoy dentro de un laberinto de piedras. Empiezo a caminar dentro de él, movida por la curiosidad. Pero al cabo de unos minutos (puede que horas), estoy completamente perdida. Y aunque lo intento, no puedo salir del laberinto.
De repente me encuentro una tiza muy muy azul. Tan azul como mi vestido. La recojo y, feliz por haber ideado una posibilidad de salir de allí, empiezo a dibujar flechas en el muro, en la dirección en la que voy. De esta manera, no caminaré en círculos y me será más fácil encontrar la salida. Pero en ese momento no me doy cuenta de la presencia de los animalitos. Ellos son malos. No confíes nunca en ellos. Cuando dibujo una flecha azul, al cabo de un momento los animalitos le dan la vuelta a la piedra... sin que yo pueda ver mi señal. ¡No podré salir nunca de aquí!, pienso.
Y luego me despierto.
Y así, todas las noches.

dissabte, 1 de gener del 2011

Ah! Ahora sé, ahora sé a lo que te referias, peque. Sí, sí. Ahora recuerdo. Me dijiste que yo solía llamarte peque, ¿verdad? Me suena raro decirlo. Supongo me que acostumbraré, ¿no? Me acuerdo de aquello que dijiste... lo del parque. El parque con el lago, aquel que dijiste que se hiela en invierno. Vale, pues creo que me acuerdo de eso. Y del día en que te conocí. Creo que sí. Ibas de gris ¿verdad? Gris sobre el blanco de la nieve, sí, me acuerdo. Estabas preciosa... Hacía muhco frío y el vaho flotaba delante de tus labios, pululando, buscando tu boca. Llevabas un gorro, de aquellos con orejeras, pero aún así tenías las orejas heladas. La punta de tu nariz, rojiza por el frío. Y tú corriendo sobre el hielo. Fue así, ¿no? Corrias. Yo estaba en el mismo banco de siempre, aquel pintado de verde, diferente a los demás, que eran de color marrón. Me gusta lo diferente, lo especial. Por eso me gustaste tú. Creo ¿O quizás fue por tu sonrisa? eso es algo que nunca he olvidado; sonríes así, y así, enseñando los dientes.
Creí haber olvidado todo mi pasado. Pero pase por alto una cosa; no puedo escapar de mi futuro, aunque olvide mi pasado. Y, por suerte, tú eres mi pasado, presente y futuro, peque.