dimarts, 12 d’octubre del 2010

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Cuando la chica puso las manos sobre las teclas cerró los ojos y respiró hondo. Lo intentaría de nuevo. Aún sobre el puente de su nariz reposaban unas gafas de sol, aunque el sol se había ocultado hacía horas. presionó el dedo corazón y sonó un sol. Claro y afinado. Ella solo sonrió. Un poco más tarde, la chica se encontraba tocando una pieza romántica, Chopin. Se enfrascaba com siempre en otro mundo, un mundo en que los sentimientos son la regla y la única solución. Hasta que un dedo erró. Nunca, nunca en la vida había fallado ninguna de las notas de aquella canción. Ni cuando murió su madre, ni cuando tuvo el accidente, ni cuando le digeron...que nunca podría volver a ver. Nunca. Una lágrima resbaló por su mejilla. Pero, paradogicamente, aquella lágrima le dio fuerzas para seguir. El piano era su sueño, desde siempre. Su única manera de liberarse, de volver a ver... Tiró agresivamente las gafas al suelo, arañándose los pómulos al hacerlo, una pequeña lágrima, esta vez de sangre, recorrió de nuevo su mejilla. Simplemete se secó ambas. Luego abrió los ojos, viendo oscuridad. Empezó a tocar, y así a ver...

Aquellas formas de nuevo, hadas y libros, podía leer, podía ver las teclas monocromes del piano, podía ver el azul del mar, la sonrisa de alguien, la cara de su madre. Ella era el instrumento que la ayudaba; la música sería su nuevo par de ojos.

Odió lo que le había ocurrido, pero no podía cambiar nada. El azar, la suerte, el destino, quizás la habían llevado a ese punto culminantee en el que todo cuanto la rodeaba era oscuridad, soledad. Pero también le había enseñado a sentir aún más profundamente la música, a ver de otro modo, al modo de los arpegios, adagios, minuetos, fugas y movimientos. Todo estava relacionado, si veía atardeceres con Chopin, si veía el mar con Debussy, podría volver a ver solo tocando el piano. Podía, no se rendiría. El destino lo había querido así.

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