Tus ojos me miran pero no me ven, tus lágrimas empañan esos ojazos verdes que suelen mirarme intranquilos. ¿Dónde están tus padres? te he preguntado. Y me has respondido llorando. Aquí hay guerra, anuncias mirando el cielo, como esperando que te oiga alg
uien. ¿Dónde están tus padres? repito mientras te cojo del brazo y tu me miras a los ojos, y yo me estremezco al ver el fondo de los tuyos, y ese dolor tan profundo,en alguien tan joven. Me siento culpable. Aquí hay guerra, repites. Dejo mi arma en el suelo, me quito el casco que aún mantiene, secas, manchas de la sangre de aquellos a los que he arrebatado la vida. Ahora yo también lloro. Te cojo de la mano y te digo: todo saldrá bien, pequeña. Prometo cuidarte... prometo cuidarte... Y aquí empieza nuestra historia, huyendo de parajes destruidos por el odio de aquellos que jamás nos volverán a utilizar. Las personas somos libres, libres para decidir. Pero la vida de los otros no está en nuestra decisión. Así que te tapo los ojos y te cojo de la mano. Caminamos juntos, mientras otros mueren juntos. Madres, hijos, amigos y extraños, se cojen de las manos y se susurran cosas al oido antes de morir. Mientras les escucho y cada palabra queda gravada en mi corazón, tu y yo caminamos... Hacia casa.
uien. ¿Dónde están tus padres? repito mientras te cojo del brazo y tu me miras a los ojos, y yo me estremezco al ver el fondo de los tuyos, y ese dolor tan profundo,en alguien tan joven. Me siento culpable. Aquí hay guerra, repites. Dejo mi arma en el suelo, me quito el casco que aún mantiene, secas, manchas de la sangre de aquellos a los que he arrebatado la vida. Ahora yo también lloro. Te cojo de la mano y te digo: todo saldrá bien, pequeña. Prometo cuidarte... prometo cuidarte... Y aquí empieza nuestra historia, huyendo de parajes destruidos por el odio de aquellos que jamás nos volverán a utilizar. Las personas somos libres, libres para decidir. Pero la vida de los otros no está en nuestra decisión. Así que te tapo los ojos y te cojo de la mano. Caminamos juntos, mientras otros mueren juntos. Madres, hijos, amigos y extraños, se cojen de las manos y se susurran cosas al oido antes de morir. Mientras les escucho y cada palabra queda gravada en mi corazón, tu y yo caminamos... Hacia casa.
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