Ah! Ahora sé, ahora sé a lo que te referias, peque. Sí, sí. Ahora recuerdo. Me dijiste que yo solía llamarte peque, ¿verdad? Me suena raro decirlo. Supongo me que acostumbraré, ¿no? Me acuerdo de aquello que dijiste... lo del parque. El parque con el lago, aquel que dijiste que se hiela en invierno. Vale, pues creo que me acuerdo de eso. Y del día en que te conocí. Creo que sí. Ibas de gris ¿verdad? Gris sobre el blanco de la nieve, sí, me acuerdo. Estabas preciosa... Hacía muhco frío y el vaho flotaba delante de tus labios, pululando, buscando tu boca. Llevabas un gorro, de aquellos con orejeras, pero aún así tenías las orejas heladas. La punta de tu nariz, rojiza por el frío. Y tú corriendo sobre el hielo. Fue así, ¿no? Corrias. Yo estaba en el mismo banco de siempre, aquel pintado de verde, diferente a los demás, que eran de color marrón. Me gusta lo diferente, lo especial. Por eso me gustaste tú. Creo ¿O quizás fue por tu sonrisa? eso es algo que nunca he olvidado; sonríes así, y así, enseñando los dientes.
Creí haber olvidado todo mi pasado. Pero pase por alto una cosa; no puedo escapar de mi futuro, aunque olvide mi pasado. Y, por suerte, tú eres mi pasado, presente y futuro, peque.
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