Ahora me toca a mi escribir pienso. Ha llegado el momento de que me comunique contigo de la única forma que aún no me parece extraña. A veces te hecho de menos, ¿sabes? Y tus palabras. Aquella risa ahogada en mitad de la noche, cuando reíamos por todo y por nada.
A veces te odio, ¿sabes? Por dejar que las risas se apaguen.
Hace tiempo que vivo igual que respiro; es un acto involuntario que mi cuerpo realiza constantemente. Pero yo sé que vivir no es eso. Vivir no es esperar algo más.
Hace tiempo que mi mente vaga sin encontrar refugio, estas tempestades son muy fuertes, ¿sabes? Y a veces creo que no las resistiré, que una simple ráfaga de viento tirará por el suelo este frágil castillo de arena. Pero, sorprendentemente, resisto. Y sigo viviendo al igual que respirando.
Yo antes tenía sueños, unos sueños que esperaba cumplir. Me parecía estar a punto de rozarlos con los dedos. Pero ultimamente se esconden. Mis sueños no me reconocen. ¿Qué te ha pasado? me preguntan, ¿Son demasiados, los golpes? Y yo no contesto, porque me quedo muda. Sí, los últimos golpes me han derribado. Lo siento, sueños, habéis quedado a un lado.
Lo único que revive aquel espíritu anterior, que sigue durmiendo en algún rincón, es escribirle al tiempo.
Y esperar a que me dé otra oportunidad.
Espero que el castillo de arena siga en pie mucho tiempo... Resiste, resiste por mi. Nos encontraremos en mitad de la noche y reiremos por todo y por nada, otra vez. ¡Las risas no se han apagado, bailarina! Nunca, ¿entiendes? Escúchalas, todavía oigo su eco.
ResponEliminaNo dejes nunca de soñar. T'estimo.